Los arqueólogos que trabajan en la tumba del primer emperador de China, Qin Shihuang, conocen bien los sentimientos de frustración y temor que provoca estar frente al mayor descubrimiento de la era moderna... y no poder tocarlo. "Es como tener un regalo empaquetado en casa, saber que dentro está lo que más ansías, y no poder abrirlo", comenta uno de los técnicos.

Fuente: .::: Saeculum - Una puerta abierta a lo desconocido :::.